MAZARRÓN / La centuria dorada de Almazarrón
Empecemos la historia por el final. En el último tercio del siglo XVI, los corsarios del norte de África acosaban las costas de Mazarrón, el negocio de las minas de alumbre comenzaba a declinar y los marqueses habían abandonado la villa a su suerte. El desánimo cundía y el pueblo parecía necesitar de un milagro para perdurar. Y en la madrugada del 17 de noviembre de 1585 sucedió el prodigio.
La crónicas relatan que una misteriosa amazona expulsó a los piratas que habían desembarcado en las calas de Bolnuevo para asaltar el poblado. Llamados por los toques de campana, los vecinos que acudieron a la ermita de la Concepción descubrieron asombrados que la imagen de la Virgen sudaba, que su rostro estaba vuelto hacia el mar y que en su manto aún quedaban restos de arena de la playa. Los devotos atribuyeron a la imagen la desbandada de los asaltantes y pensaron que desde entonces y para siempre gozarían de la protección de la Virgen.
Este hecho maravilloso forma parte de la exposición El siglo del milagro, que abre sus puertas el próximo día 31 en la iglesia de San Andrés para repasar, a través de un centenar de piezas y documentos, uno de los periodos más singulares de la histórica local. Porque la intercesión de la patrona no es el único prodigio ocurrido en las Casas de los Alumbres de Almazarrón, como se denominaba entonces el pueblo, durante el siglo XVI. En esa centuria dorada quedó registrado el despegue del municipio gracias a que se descubrieron los ricos yacimientos de alumbre, un mineral imprescindible para la industria textil de la época porque se empleaba para fijar los colores.
El poderío minero de Mazarrón fue tal que hasta el Papa temió que le hiciera sombra, ya que el pontífice veía un serio competidor para sus explotaciones de alumbre de la región italiana de Tolfa. La minas mazarroneras quedaron en manos de los marqueses de los Vélez y de Villena, por un privilegio de Enrique IV, que a su vez las arrendaron a mercaderes genoveses. De esa época son las principales construcciones que aún se conservan en Mazarrón: el castillo de los Vélez que domina el pueblo desde lo alto de un cerro volcánico y las iglesias de San Antonio y de San Andrés, levantadas por los dos nobles para dar sustento espiritual a los obreros que trabajaban en sus canteras.
Privilegio real
Tanta riqueza fue la semilla que germinó en la concesión del título de villa por parte de Felipe II en el verano del año 1572, tras un largo camino plagado de obstáculos, enfrentamientos con Lorca y deudas.
La independencia del municipio, la poderosa industria del alumbre y el milagro de la Virgen son los tres ejes principales de la exposición, que podrá visitarse hasta el 6 de enero. La muestra, organizada por el Ayuntamiento con motivo del Año Jubilar Mariano, y en la que colaboran la Consejería de Cultura y la Fundación Cajamurcia, se distribuye en ocho capítulos, donde también se repasa la vida cotidiana de los mazarroneros, la estructura urbana de la localidad y sus construcciones defensivas.
Para ilustrar la historia, la arqueóloga municipal María Martínez y la archivera Magdalena Campillo, comisarias de la exposición, han reunido un centenar de objetos procedentes de fondos propios del Ayuntamiento de Mazarrón y de las tres iglesias del pueblo, además de media docena de museos de la Región, entre ellos, el Bellas Artes de Murcia.
Quienes se acerquen a la exposición, cuyo montaje ha desarrollado el arquitecto Pablo Puente (responsable de la exposición Huellas que acogió la Catedral con gran éxito), podrán contemplar, por ejemplo, piezas de cerámica islámica, joyas y monedas de la época de Felipe II, óleos, una dalmática de la parroquia lorquina de San Mateo, más de treinta documentos históricos y la bandera del milagro, que fue la que abandonaron los piratas en su huida perseguidos por la Virgen. Un recorrido por cien años de una historia singular.
Fuente: La Verdad de Murcia
Fecha: 22/10/2006
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