LORCA / Legado arquitectónico y escultórico
El cementerio de San Clemente se ha convertido en un legado arquitectónico y escultórico. Las capillas panteones que se construyeron en la segunda década del siglo XX, poco después de inaugurarse el camposanto, dan cumplida cuenta de ello. Se trata de verdaderas obras de arte que constituyen un recorrido por el arte, no dejando atrás ninguno de los estilos.
Curiosamente, la que debiera ser principal, la capilla del cementerio, es quizás una de las más sencillas, aunque años atrás lo fuera aún más. Precisamente, por la construcción de un grupo de panteones de las principales familias lorquinas de la época se decidió embellecerla aún más, ya que contrastaba su extremada sencillez con el ornato del resto.
Es entonces cuando se le incorporan una serie de elementos bizantinos, produciendo una composición que se podría relacionar con la tradición dieciochesca murciana. Muy cerca de ella, a pocos metros, se encuentran los panteones más nobles, los de las familias Abellán y Cachá Arcoya. De buen gusto y extremo cuidado en cuanto a sus elementos arquitectónicos. Se cree que los orígenes de muchos de ellos está en el primero, con diseños vernáculos que recuerdan la arquitectura barroca lorquina.
El de Cachá Arcoya, de estilo neogótico, o más abajo, en la calle de San Clemente, en la entrada principal y entre grandes cipreses, casi escondido, el del Vizconde la Huerta. Llama la atención sus pináculos que casi quieren tocar el cielo. Una cruz en lo más alto, y detalles de puntilla en los remates del tejado y de sus esquinas. Aunque uno de los más significativos es el de la familia Casalduero con fachada gótica y labor de tracería tras una verja de hierro
Fuente: La Verdad de Murcia
Fecha: 02/11/2006
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