Escapadas
Barranda, una Navidad sin escaparates y con nieve
hay olores, sensaciones y sentimientos que con la llegada de la Navidad afloran. Hay pequeños pueblos y pedanías, como es el caso de Barranda, que se llenan de vida esos días. Pasear por sus estrechas calles con olor a leña y a tortas de pascua; escuchar a su cuadrilla de animeros cantar el aguilando, o ver bailar unas pardicas a sus jóvenes boleros; jugar con la nieve que haya caído esos días o visitar su Museo de Música Étnica son la excusa perfecta para acercarse a esta pequeña población de Caravaca de la Cruz. En Barranda se vive especialmente la Navidad.
Texto: Eugenio González
Fotografía: Vicente Vicens
Fuente: www.laeconomia.com
En invierno se acercan muchos visitantes para ver y jugar con la nieve
No se ven luces ni escaparates espectaculares, pero aquí se vive la Navidad
Barranda es una de las catorce pedanías con las que cuenta Caravaca de la Cruz, en la comarca del Noroeste. Está dividida en dos por la carretera que une Caravaca con Andalucía. La villa está formada por un pequeño núcleo urbano, y zonas de huerta y campo. Está cobijada al pie de la Cuerda de la Serrata y cuenta con parajes naturales reseñables, como el de las Tosquillas. Su clima agradable en verano, y bastante frío de invierno, sus nevadas constantes y un cierto aislamiento geográfico respecto a las grandes urbes, hacen de Barranda uno de los lugares preferidos para hacer turismo rural.
Sus cortijos repartidos por el campo se han convertido en casas rurales equipadas completamente para el visitante. La Casa Vuelta del Carril o la Casa Paraje Guarinos son un claro ejemplo de cómo espacios ya centenarios se han convertido en cómodos hospedajes para turistas. También son muchas las personas que visitan la pequeña localidad los meses de invierno para ver y jugar con la nieve, ya que éste es uno de los puntos más altos de la Región. Además de aprovechar el día para comer en el Restaurante El Zorro.
En busca de espacios naturales Barranda ofrece al visitante la Cuerda de la Serrata, accidente geográfico que permanece nevado casi todo el invierno y que está cubierto de pinos, sabinas y romeros. Además en su entorno se puede contemplar fauna como el buitre leonado, el águila calzada y el búho real. Al principio del pueblo, también es imprescindible visitar el manantial Las Tosquillas. Un nacimiento de agua situado entre dos cerros, llenos de vegetación, que se ha convertido en zona de recreo.
Espíritu navideño
Pero Barranda ofrece además de todo esto, y durante estas fechas, una dosis de espíritu navideño, perdido ya en muchos lugares y que aún se conserva en pueblos como éste, pese al paso del tiempo. No se encontrarán aquí iluminaciones espectaculares, ni escaparates con las últimas tecnolo- gías, pero sí se olerá, se verá y se escuchará la Navidad. De ello se encargan, entre otros, los Aguilanderos de Barranda.
Esta cuadrilla es un grupo de músicos tradicionales de la localidad que aún conserva los sonidos y bailes populares de la zona, y que tiene su mayor actividad en época de Navidad. Esta cuadrilla estuvo a punto de desaparecer con la llegada de la industrialización, como pasó en muchos de los pueblos de Murcia, pero por suerte, la formación centenaria aún se mantiene viva.
A partir de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, y hasta la Candelaria, 2 de febrero, Barranda huele a dulces, a migas y a revuelto carretero, y por sus calles se escuchan aguilanderas, auroras, huesos lento o ligero, pardicas, malagueñas... Los aguilanderos tocarán misa de Gallo y misas de Gozo, harán la Carrera (pedir el aguilando por las casas del pueblo), harán el baile de Inocentes y celebrarán el día de Los Reyes. Así hasta llegar al día grande del pueblo, La Fiesta de las Cuadrillas.
Esta fiesta se celebra el último fin de semana de enero, y aunque tiene en el domingo su día grande, comienza el viernes con Barranda Folk, un pequeño festival de grupos de música, por donde han pasado formaciones de ámbito nacional como La Musgaña, Manuel Luna, Taray, Azarbe y Ea! Los conciertos que se celebran en el Salón Social de Barranda son el comienzo de una noche que suele acabar en los numerosos cortijos de la zona, con los miembros jóvenes de las cuadrillas y demás visitantes, en una fiesta a base de malagueñas, parrandas y jotas.
Quienes tienen la suerte de acudir por primera vez a estas fiestas privadas se sorprenden de ver cómo los jóvenes abandonan los sonidos discotequeros para divertirse con música tradicional.

Foto: Verdiales de Málaga en Barranda 2005
El domingo, Barranda se paraliza. El pequeño pueblo, en el que no habitan más de mil personas, acoge a miles de curiosos amantes de las tradiciones, para ver cómo en la Calle Mayor las cuadrillas con sus cantos y bailes demuestran que Murcia aún conserva su saber popular. A media mañana el pueblo ofrece a sus visitantes bocadillos y vino, y mientras muchos se agolpan para ver los espectaculares bailes de la panda de verdiales (formación tradicional de Málaga), otros observan las lindezas que se dicen mediante trovos el tío Juan Rita (de la cuadrilla de Aledo) y Juan El Banana (de Barranda). Tal es la fiesta que perdura hasta bien entrada la tarde, que para muchos este día es realmente el fin de la Navidad.

Escribe un comentario