MURCIA / «El marqués de Corvera tasó el belén en 33.000 duros, que no pudieron recaudarse en Murcia»
¿Por qué del Belén de Salzillo no se sabe nada hasta finales del siglo XVIII? ¿Quienes fueron sus dueños? ¿Por qué no quiso adquirirlo el Museo Arqueológico Nacional? ¿Cómo pudo suceder que su propietario quisiera venderlo por 165.000 pesetas y, al final, no consiguiese más de 27.000?
Ante el desconocimiento general del gran público, que tanto estima esta colección de pequeñas obras salzillescas, el catedrático de Historia de Arte de la Universidad de Murcia, Cristóbal Belda Navarro, sí conoce las respuestas a estas y otras muchas preguntas que puedan formularse en torno al belén y las peculiaridades que encierra. Él será quien mañana tarde, en el Aula de Cultura de La Verdad, descubra los enigmas más desconocidos e interesantes.
Anticipo a su exposición y respuesta a alguna de las preguntas: «El belén es la obra de Salzillo que más tardíamente se incorpora a su catálogo, porque es un conjunto de piezas de las que nada se conoce hasta finales del siglo XVIII. Solo se sabía que el Nacimiento, pero sin el pórtico, estaba en la capilla de Jesualdo Riquelme. Y nada más. En el primer documento en el que se declara su existencia es en el inventario de bienes y en la partición que se hace a la muerte de Riquelme entre sus herederos. Ahí se hace la descripción más descriptiva del belén. Es donde se valora, porque se trata de parte de la herencia de Jesualdo Riquelme».
Recuerda Cristóbal Belda que, después de esos documentos, «no se vuelve a hablar del famoso belén hasta un siglo después, cuando Javier Fuentes y Ponte -erudito nacido en Madrid, pero afincado en Murcia desde joven- hace de nuevo una descripción muy completa del conjunto de la obra. Es entonces cuando el palacio de Riquelme se abre a los murcianos, para que puedan contemplar el conjunto salzillesco. Es, por otra parte, inexplicable que una una colección tan completa, tan perfecta y de tantísima calidad haya sido la última obra que se incorpora al catálogo de la obra del escultor murciano».
Otra de esas peculiaridades fueron los pasos que se dieron para que el belén pudiera quedarse en Murcia, aunque podría muy bien estar en estos momentos en el Archivo Arqueológico Nacional o en cualquier otro de ciudades españolas o del extranjero. «Se trataba -añade Cristóbal Belda- de un bien incorporado al edificio del propio palacio de los Riquelme. O sea: quien heredase el palacio, heredaba también el belén. Quizá por esto no se han perdido piezas, ni se ha desmembrado la colección. A finales del XIX, la marquesa de Salinas, que es la última de las propietarias que viven en Murcia y en el palacio, posee el belén, y lo lega a un sobrino suyo: Alfonso Bustos, que era el Marqués de Corvera, pero que vive en Madrid». Él es quien inicia los trámites para desprenderse de la colección.
Cierto revuelo
En Murcia se organizó un cierto revuelo y se inició una campaña, en la que participaron destacados próceres ciudadanos, con Andrés Baquero Almansa e Isidoro de la Cierva, entre los personajes más significativos. Se pretendía crear un Museo que llevase el nombre de Salzillo, pero sería algo que no se conseguiría hasta después de la guerra civil, concretamente hasta 1941. «El marqués de Corvera -indica el profesor Belda Navarro- tasó el belén en 33.000 duros, 165.000 pesetas, cantidad que en Murcia no pudo recaudarse. Hubo enfados, peleas, tiras y aflojas, tantas que Isidoro de la Cierva llegó a decir que vaya belén que se había montado en torno al famoso belén». Fue entonces cuando el propietario lo depositó en el Museo Arqueológico Nacional, para ver si surgía algún comprador. El director del Museo, Manuel Pérez Villaamil, conocía todos los pasos que se habían dado en Murcia, pero el no tenía interés por el tema. Gracias a esto, surgió una maniobra muy bien orquestada por Baquero Almansa e Isidoro de la Cierva y el belén volvió Murcia, y fue depositado en el Museo de Bellas Artes.
Fuente: La Verdad de Murcia
Fecha: 17/12/2006
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