De fiesta. Las Cuadrillas de Barranda
POR LUIS DOMINGO
19-1-2008 12:00:58
ABC. Dos generaciones, «cuerda» en mano, en las calles de Barranda
Barranda es una pequeña comunidad murciana cercana a la espléndida Caravaca de la Cruz. En Barranda, como en tantos otros rincones rurales españoles, se habían ido desdibujando tradiciones y costumbres, demasiado modestas para competir en fama y espacios con esos grandes festejos que son todo un espectáculo de trajes lujosos, calesas y mucha pirotecnia. En Barranda, el «vestuario» desfila en tiempo real. En su Fiesta de las Cuadrillas todos viste ropa típica... típica del pasado siglo y del presente, la que se ponen en cualquier momento o al terminar sus faenas cotidianas. Por eso las imágenes de la Fiesta de las Cuadrillas, cada último domingo de enero, son tan llamativas en su normalidad: no hay nadie «disfrazado», no hay arqueología, nada impostado ni fingido y sí una autenticidad que tampoco significa improvisación o descuido.
Pero no son fiestas para hablar de trapos. Lo que cuenta en Barranda ahora en enero -y a lo largo del año- es la música, el canto y a veces el baile «suelto» o «agarrao» que animan los grupos corales. Las Cuadrillas habían empezado a ser memoria de viejos hasta que, en 1979, el párroco Ramón García y el maestro Jesús María García montaron un Festival Comarcal de Música de Cuerda al amparo de las fiestas de la Virgen de la Candelaria, patrona de Barranda, para frenar el evidente declive de la tradición oral y el desarraigo de unas épocas duras.
Tuvieron tanto éxito que poco tiempo después encontraron apoyo en la Consejería de Cultura de la Comunidad de Murcia y en el vecino ayuntamiento de Caravaca -hoy las fiestas presumen de su «Interés Turístico regional»-. Muy pronto fueron los propios Aguilanderos de Barranda (integrantes de las cuadrillas y cuyo nombre es una alteración de «aguinalderos») quienes se hicieron cargo de la iniciativa y en ese tiempo han salvado la tradición, nuevamente transmitida entre generaciones, que se mezclan para cantar y bailar.
Actualmente hay una parte «culta» y estudiosa en las fiestas de enero, con mesas redondas y expertos en música popular, que tiene lugar el viernes (por cierto, es impresionante el extraordinario Museo de Música Étnica local, con cientos de instrumentos de todo el mundo y un sistema interactivo que permite disfrutar de músicas muy diversas www.museomusicabarranda.com). Barranda Folk, los sábados, asegura, entre otras cosas, las actuaciones en el Salón Social de distintas agrupaciones -este año catorce- procedentes de diferentes lugares de Murcia y más allá.
Pero la «fiesta fiesta» la protagonizan los barrandeños el domingo, después de la Misa, cuando las Cuadrillas marchan por la calle Mayor y por otras vías habilitadas ante la cantidad de grupos y «fans» que se reunen. Después de calentar la mañana con jotas, seguidillas, parrandas, torrás y fandangos, se recuperan fuerzas en mesas aprovisionadas generosamente por la gente del pueblo. La tarde es muy combativa por el «choque» de las Cuadrillas -de dos en dos- en las calles: se desafían con coplas ingeniosas o con la energía de sus intrumentos. Al caer la tarde -y arreciar el frío- todos se refugian en el Salón Social: más cantos, bailes «sueltos», duelo de «trovos» -composiciones espontáneas en verso- y hasta pequeñas funciones o «cuadras». Voces, guitarras, guitarros y requintos, platillos y panderetas... No hay nada más, durante tres días intensos, para los Aguilanderos.
Pero no son fiestas para hablar de trapos. Lo que cuenta en Barranda ahora en enero -y a lo largo del año- es la música, el canto y a veces el baile «suelto» o «agarrao» que animan los grupos corales. Las Cuadrillas habían empezado a ser memoria de viejos hasta que, en 1979, el párroco Ramón García y el maestro Jesús María García montaron un Festival Comarcal de Música de Cuerda al amparo de las fiestas de la Virgen de la Candelaria, patrona de Barranda, para frenar el evidente declive de la tradición oral y el desarraigo de unas épocas duras.
Tuvieron tanto éxito que poco tiempo después encontraron apoyo en la Consejería de Cultura de la Comunidad de Murcia y en el vecino ayuntamiento de Caravaca -hoy las fiestas presumen de su «Interés Turístico regional»-. Muy pronto fueron los propios Aguilanderos de Barranda (integrantes de las cuadrillas y cuyo nombre es una alteración de «aguinalderos») quienes se hicieron cargo de la iniciativa y en ese tiempo han salvado la tradición, nuevamente transmitida entre generaciones, que se mezclan para cantar y bailar.
Actualmente hay una parte «culta» y estudiosa en las fiestas de enero, con mesas redondas y expertos en música popular, que tiene lugar el viernes (por cierto, es impresionante el extraordinario Museo de Música Étnica local, con cientos de instrumentos de todo el mundo y un sistema interactivo que permite disfrutar de músicas muy diversas www.museomusicabarranda.com). Barranda Folk, los sábados, asegura, entre otras cosas, las actuaciones en el Salón Social de distintas agrupaciones -este año catorce- procedentes de diferentes lugares de Murcia y más allá.
Pero la «fiesta fiesta» la protagonizan los barrandeños el domingo, después de la Misa, cuando las Cuadrillas marchan por la calle Mayor y por otras vías habilitadas ante la cantidad de grupos y «fans» que se reunen. Después de calentar la mañana con jotas, seguidillas, parrandas, torrás y fandangos, se recuperan fuerzas en mesas aprovisionadas generosamente por la gente del pueblo. La tarde es muy combativa por el «choque» de las Cuadrillas -de dos en dos- en las calles: se desafían con coplas ingeniosas o con la energía de sus intrumentos. Al caer la tarde -y arreciar el frío- todos se refugian en el Salón Social: más cantos, bailes «sueltos», duelo de «trovos» -composiciones espontáneas en verso- y hasta pequeñas funciones o «cuadras». Voces, guitarras, guitarros y requintos, platillos y panderetas... No hay nada más, durante tres días intensos, para los Aguilanderos.
Fuente:www.abc.es
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